27 de abril de 2005
“Mi último contacto con Augusto Roa Bastos fue hace unos meses, para pedirle su aprobación a que la biblioteca del Instituto Cervantes de Múnich llevara su nombre. Se mostró contento y agradecido, y me aseguró que haría todo lo posible para inaugurarla personalmente, aunque me confesó también que su estado de salud no era muy bueno.
El fallecimiento de Roa Bastos supone la pérdida de un amigo y, sobre todo, de un excepcional escritor en español y en guaraní que dio voz a uno de los países más desconocidos de Hispanoamérica. Su literatura sacó del mutismo y la inmovilidad una región sumida en el olvido y acallada durante años por una de las más feroces dictaduras.”