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Nueva York. El año se abre y se cierra con el engarce de dos momentos que lo finalizan con un broche de oro. Apenas arrancado el semestre de otoño, el estandarte del centro da la vuelta al mundo cuando Mario Vargas Llosa concede su primera rueda de prensa, horas después del anuncio de que la lengua española recibe en él el más alto galardón de la literatura universal: el Premio Nobel de Literatura. 250 cámaras de televisión de más de un centenar de países se dieron cita en nuestro auditorio. El centro mantuvo una actividad efervescente, recibiendo a diplomáticos y personalidades a lo largo del día. Seis jefes de Estado llamaron al Instituto Cervantes de Nueva York ese día. Nueve meses después, la ganadora del premio literario de mayor reconocimiento del ámbito de nuestra lengua, Ana María Matute, mantenía una conversación con el director del centro, tan solo unos días después de que el Rey de España, como nos contó ella misma, empujara con afecto la silla de ruedas en que se desplaza la insigne escritora, premio Cervantes 2010. La presencia del centro en los medios ha sido espectacular, con una actividad cultural desbordante en todas las áreas. No se trata tanto de resaltar actividades de relumbre, como las que enarbolaban el nombre de nuestra institución de la mano de Ferran Adriá, o los actores y directores que participaron en la cita anual del cine español llevada a cabo por el Instituto en el Lincoln Center. Hemos realizado abundantes colaboraciones teatrales, conciertos, diálogos literarios (lo mejor de la literatura mundial en nuestro jardín, como cada abril, con ocasión del Festival «Voces del mundo», coorganizado con el PEN...). Imposible dar cabida a tanto nombre de prestigio, y quizá sea justo, porque la labor más importante ha sido a ras de ciudadanía. Los ciclos de cine han convertido al centro en lugar de cita obligada con los amigos de la cultura en español cada miércoles del año. La galería dio un vuelco a la programación de arte con el Proyecto Amster Yard, atrayendo a numerosos colectivos artísticos que llevaron a cabo muestras efímeras de una media de diez días de duración. Entre las más de trescientas actividades culturales es obligatorio mencionar nuestro papel para que se llevara a cabo la realización de una edición en Nueva York del Festival de la Palabra de Puerto Rico, consolidado gracias a nosotros. La estrella del mismo fue Ana María Matute.
La visibilidad del centro fue pareja a una vital actividad en otras áreas. Es preciso destacar la implantación de una aplicación que permite la inscripción y pago en línea no solo de los cursos de lengua, sino de todos los productos de venta del centro, incluida la activación de la tarjeta de membresía. En el área académica es de destacar la implantación de cursos de formación de profesores impartidos por especialistas del más alto nivel internacional. Las jornadas se duplicaron en la Universidad de Brown, con la que el centro mantiene un convenio patrocinado por el Banco Santander.
La Biblioteca Jorge Luis Borges ha mantenido un alto nivel de actividad, habiendo incrementado su atención al público sirviéndose de medios electrónicos, incluida la descarga de audiolibros. Los departamentos de Académica y Biblioteca han mantenido sus folletos impresos en papel, en tanto que el Departamento de Cultura ha optado con éxito por la difusión exclusivamente virtual, gracias a lo cual el público usuario ha cambiado significativamente de perfil, rejuveneciéndose e internacionalizándose.
Eduardo Lago
Director*
(*) Javier Rioyo lo sustituye como director del centro el 1 de septiembre de 2011.
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