Con una plantilla de unas 800 personas entre fijos y autónomos, la Dirección General de Interpretación (DG Scic) de la Comisión Europea proporciona intérpretes en unas 50 reuniones al día con una cobertura lingüística de entre 2 y 22 idiomas. ¡¡¡Una auténtica Babel!!! Y hay motivos para celebrarlo. La comunicación es posible en esas condiciones, incluso en temas técnicos o muy especializados, siempre que se respeten ciertos principios básicos: hablar a un ritmo natural; no leer textos, y si no hay mas remedio, asegurarse de que los intérpretes tengan el texto con antelación y leer a un ritmo pausado; señalar siempre en qué punto del orden del día se está y de qué documento se está hablando...
De las finanzas a la cooperación al desarrollo, la agricultura o la cooperación policial, medioambiente o seguridad social, un intérprete puede tocar todos los temas posibles, lo que hace de nuestro trabajo una inagotable fuente de desafíos e información. Nuestro enemigo común, con frecuencia, no son tanto las dificultades terminológicas, aunque las hay, sino los oradores, ‘alingües’ en algunos casos, que hablan un peculiar mejunje lingüístico, con apariencia de inglés y sintaxis y fonética cargadas de ‘color local’. Desde las cabinas de interpretación siempre reivindicamos el idioma materno, o en su defecto el idioma en el que mejor podamos comunicar.
Afortunadamente para todos, la Unión Europea permite y fomenta el multilingüismo, que cada uno hable varios idiomas. Es bueno para el trabajo, para la integración social, y para Europa. Pero eso no quiere decir ceder de forma ciega a la arrolladora fuerza del inglés, la lengua del Imperio según algunos. Demos prioridad a la comunicación, afirmemos nuestro derecho a expresarnos lo mas clara y fácilmente posible, utilicemos nuestro idioma materno siempre que podamos, y por supuesto, seamos europeos de pro y aprendamos otros idiomas, sin miedo, pero con respeto.